El blog de Marta

Pensamiento, literatura, viajes, paridas,...

sábado, septiembre 25, 2010

¡Cuánto tiempo!

Hacía tanto tiempo que no visitaba mi blog,que ya ni me acordaba de la contraseña de acceso.

Vivir o escribir, dije una vez; desde ahora pienso vivir escribiendo. Así que se prepare mi blog, que allá voy.

Pero hoy no, mañana tal vez, de momento, lo que es hoy voy a seguir viviendo sin escribir.

jueves, noviembre 29, 2007

No nos pongamos ñoños,... seriedad. Hablemos de felicidad.

No sé quién dijo una vez eso de que existen dos tipos de personas: los felices de nacimiento y los que pasan toda su vida buscando la felicidad. Lo que quiero decir con esta afirmación es que los hay que la vida que les toca vivir, sea cual sea, les es satisfactoria y plena hasta el punto de encontrarse felices; y que existen otros que bajo las mismas circunstancias que los primeros e incluso objetivamente mejores, no consideran plena ni satisfactoria su vida.
Que hay circunstancias en este mundo que hace infelices a los hombres, es obvio; se me ocurren en este momento algunas como: la enfermedad, la pobreza, la injusticia, la muerte, la soledad, el desamor... ; pero siempre me he preguntado, por qué personas con vidas objetivamente felices, no disfrutan ni sienten esa felicidad que supuestamente deberían sentir al vivir una vida con condiciones objetivamente felices.
Tal vez, esa pregunta me la plantee por la simple razón de que yo, persona con condiciones objetivamente felices, me incluyo entre los segundos. Siendo sincera, debo de decir que desde que alcanza mi memoria, soy una permanente buscadora de la felicidad.

Todo empezó cuando salí propulsada del útero materno, ese llanto monocorde que dicen que emití y que mi madre me ha descrito con voz melosa miles de veces, creo que fue mi primera señal de protesta, tal vez una protesta inconsciente aún, premonitoria de la ardua tarea que me deparaba mi recién estrenada vida.
Si he de resumir mi vida por etapas, puedo decir que una infancia objetivamente feliz, no me hizo feliz; una adolescencia objetivamente feliz, no me hizo feliz; una juventud objetivamente feliz, no me hizo feliz; y una adultez objetivamente feliz, no me hizo ni me hace feliz.
Cúanta infelicidad originada por una objetiva felicidad, podría decir cualquiera. Pues sí, digo yo. Así es.

Poesía

Ayer entré en mi blog por primera vez desde hacía mucho tiempo; tal vez demasiado.

Leí y tengo algo que añadir.


NO DECÍA PALABRAS

No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne;
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Aunque sólo sea una esperanza,
porque el deseo es pregunta cuya respuesta
nadie sabe.

LUIS CERNUDA


Esto sí es poesía...

jueves, enero 04, 2007

El blog de Marta

El blog de Marta

lunes, octubre 30, 2006

LA POESÍA


Invitemos a la alegoría a que disfrace los pensamientos
hasta convertirlos en bellas palabras engalanadas de agradables sonidos.
Bailemos enloquecidos sobre voces,
vomitemos verbos, sintamos sustantivos, engullamos atributos.
Mintamos, cubriendo la negrura por un manto policromado.
Vistamos las ágrias lágrimas de incólume transparencia.
Burlemos lo siniestro con apasionadas angustias.
Cubramos la feroz realidad con un velo de lienzo y bordemos en él filigranas.
Ocultemos la verdad hasta hacerla inverosímil.
Si eso logramos hacer, estaremos haciendo poesía.

jueves, abril 27, 2006

Nimiedad sobre la vagancia y la tontería


La vagancia se ha apoderado de mí. Durante este mes he echado algún vistazo al blog y sin idea alguna en mi mente, me he sentido incapaz de escribir nada. Pensaba y sigo pensando: para escribir una nimiedad no escribo nada.
Han ocurrido muchas cosas este mes (me han ocurrido muchas cosas): he conocido a gente, he estado con gente, he ido a bodas de gente, he escuchado a gente, he admirado a gente, me he enfadado con gente, me he reído con gente, he leído a gente, he cenado con gente, he comido con gente, he paseado con gente, he llorado con gente, he bebido con gente, he bailado con gente, he fumado con gente,... Resumiendo: he vivido.
Y vivir, como no sé quién dijo una vez, a veces, es incompatible con escribir.
Escribir es una operación solitaria que requiere tiempo, ganas y algo que comunicar; este mes no he tenido ni soledad, ni tiempo, ni ganas. Ahora mismo, sigo sin tener ganas ni sé que comunicar.
Bueno, a decir verdad, algo sé: Os comunico que estoy vaga, pero vaga, vaga.
Escribir para mí ha sido siempre una necesidad. No recuerdo cuando empecé, pero sé que durante muchos años ha sido una obsesión. Necesitaba sentarme frente al ordenador e hilvanar palabras de toda clase y especie. Conjugar verbos, coordinar sustantivos, perfilar adjetivos y utilizarlos para describir paisajes, sensaciones, sentimientos,.. ¿y para qué? ¿Para ocupar espacio en el disco duro de mi computadora?
Me compré una encuadernadora para que mis escritos reposasen junto a los escritos de mis admirados en la librería de mi despacho. Sin embargo mis escritos, no están cosidos, ni tienen una preciosa tapa ilustrada con una sugestiva foto, ni tienen isbn,.. Sólo son un manojo de folios unidos por un pobre canutillo coloreado.
Es lo que tiene escribir, es la operación más engañosa que puede realizar un humano mediocre. Debería estar prohibido para aquellos que no tenemos lo que se ha convenido llamar talento.
Para las personas mediocres como yo, faltas de talento y genialidad, la escritura es una trampa que nos hace caer en el autoengaño.
Primero te engañas diciéndote: “escribo porque me gusta”; luego añades eso de: “además de que me gusta, lo hago bien”, posteriormente pasas a la fase de: “escribo porque me gusta, lo hago bien y estoy contando una historia interesante”; a continuación te dices “escribo porque me gusta, lo hago bien y estoy contando una historia interesante que puede ser publicable”; esta tercera fase es irreversible y seguida necesariamente de aquella en la que te dices “escribo porque me gusta, lo hago bien y estoy contando una historia interesante que será publicada por una editorial y leída y admirada por miles de personas”... En resumen, en esta última fase te ves ya como una escritora consagrada, que vive de la escritura (que es lo que más te gusta) y entonces ultimas los detalles de tu obra genial, el bet-seller que te llevará a la fama. La encuadernas con tus canutillos coloreados, la metes en un sobre acolchado, la envías a la mejor editorial de tu país, y ya está. Ya has echado a perder años y años de momentos mágicos en soledad, frente a tu ordenador personal, imaginando paisajes, notando sensaciones, percibiendo sentimientos,.. Y cuando meses después, te devuelven el original de tu obra magistral, impoluta, sin un mísero dobladillo en las esquinas, sin una exigua manchita de café, sin ni siquiera una breve anotación en lápiz que diga: “chica, esto es un bodrio”; te dices aquello de: “soy tonta de remate”.
Señores y señoras, no escriban: vivan.

Una tonta.

viernes, marzo 24, 2006

¿Será hoy el primer día?


¿Será hoy el primer día en paz? ¿Será verdad que ya nunca más habrá violencia terrorista de ETA? ¿Será verdad que ya no temeremos más?
Quiero creer que sí, pero a la vez temo que no.
¿Será más fuerte la creencia o el temor?
¡Ojalá sea hoy el primer día de paz!

sábado, marzo 04, 2006

Ser, querer ser y aparentar.


Estos últimos días estoy sufriendo una angustia vital que me llena de desasosiego. Sé que suena a novela romántica del siglo diecinueve, pero es cierto: es cómo me siento.
Hurgando un poco en mi sentir, recuerdo que decía el otro día que leí como Ayala escribió:

“ …la felicidad consiste básicamente en estar conforme uno consigo mismo. Lo que hace infeliz a la gente es sentir una disociación entre lo que percibe profundamente ser y lo que está aparentando.”

Y yo escribí:

”Espero que esta consigna no se pierda. La intentaré dejar a buen recaudo en mi memoria.”

Cuando escribí esto último, me refiero a la declaración de intenciones de recordar por siempre la consigna del sabio Ayala , no eran tan sólo palabras: lo hice de verdad. Es decir, se trataba de un auténtico empeño por intentar recordar y seguir la sesuda instrucción por siempre.
De momento lo he logrado: no consigo olvidarla; y mira que lo he intentado.

La frasecilla, desde que escribí aquello, se me aparece aquí y allá constantemente, como una maldición. Me ha hecho pensar en lo que soy y lo que quiero ser, en lo que hago y lo que quiero hacer, en lo que vivo y lo que quiero vivir,... y he sentido esa disociación: no siento que soy lo que aparento ser, no siento vivir lo que aparento vivir, no siento hacer lo que aparento hacer.
He retrocedido en mi memoria y he recordado lo que quería ser, hacer y vivir, y he apreciado que no es lo que soy, hago y vivo.
Así he llegado a la conclusión de que no soy, no vivo y no hago.
Buscando las razones me he dado cuenta que esto se ha producido porque me he dado a mí misma el empréstito aplazado de la perfección. No seré lo que quiero ser y siento ser, ni viviré lo que quiero y siento vivir, ni haré lo que quiero y siento hacer hasta que no liquide ese emprésito.
Y como siempre eso será el útimo mes, el último día, la última hora; porque yo soy así.